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Viajar por terracería o por pavimento, ¿cuál es la diferencia?

Con el paso del tiempo me he alejado de las carreteras buscando rodar por caminos de tierra siempre que sea posible. Esto ha implicado varios cambios, los cuales exploramos en este artículo a modo de comparación.

Cuando me lancé a mi primer viaje largo en bici ni siquiera pensé dos veces qué camino tomar: me subiría a la carretera hacia el sur y la seguiría hasta llegar a Guadalajara. Rodé de esta forma por semanas, echando mano de la costumbre adquirida en la ciudad de voltear hacia atrás para checar los carros viniendo detrás de mí, sólo que ahora iban a más de 120 km por hora. Con el tiempo aprendí a distinguir el tipo de vehículo y velocidad de aproximación por el ruido que hacían, e incluso a calcular cuándo dos carros en sentido contrario en una carretera sin acotamiento se encontrarían justo en el lugar donde yo estaba, lo cual implicaba tomar acción defensiva de mi parte.

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Desierto de Altar, Sonora. 2016.

Luego un día, por recomendación de un amigo, tomé un camino de tierra en vez de la carretera que planeaba usar en esa ocasión, y lo vivido ese día se quedó grabado en mi memoria con mucho más detalle que cualquier día compartiendo pavimento con tráileres cargados. Me quedó claro que, al dejar de estar siempre pendiente del tráfico, mis sentidos podían enfocarse en otras cosas: el color de los cerros a mi alrededor, el sonido de la tierra bajo las llantas, el olor de la lluvia, la gente en los lugares por donde pasaba. Al alejarme de los carros también me alejaba del frenesí de la velocidad, y esto se reflejaba en mi mente con efectos positivos, entonces decidí que tomar caminos de tierra sería una prioridad en mis próximos viajes en bicicleta.

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Mi bici en mi primer viaje largo en 2015. Mi bolsa de dormir ocupaba la mitad de la bolsa anaranjada.

Llegado el momento de planear la siguiente ruta me di cuenta que, para empezar, Google maps no te va a mandar por un camino de tierra si hay alternativa pavimentada, así que la planeación toma más tiempo. MUCHO más tiempo. Después, cuando al fin tenía la ruta y pude salir a hacerla, me topé con un cerco cerrado con candado y tuve que volver por donde venía. Luego tuve que (re)aprender a caminar, porque había terreno donde mis llantas se enterraban o había muchas piedras y empujar la bici se volvió rutinario. Conforme aumentaban los kilómetros también aumentaba el número de tornillos rotos, porque la vibración del terreno los botaba de parrillas, alforjas, y de mi cuerpo: básicamente sacudía todo lo que iba sobre la bici, incluyéndome a mí. Con esto me quedó claro que necesitaba hacer cambios a mi bicicleta. Ahora, después de varias rutas tanto en pavimento (comúnmente llamado “cicloturismo”) como en tierra (“bikepacking”), ¿qué diferencias he notado?

DIFERENCIAS

Planeación: como ya mencioné arribita, viajar en carretera requiere poca logística, ya que las carreteras están claramente mapeadas y es fácil obtener información al respecto. En cambio, planear una ruta en tierra a veces requiere buscar caminos visibles sólo en mapa satélite que puede que en la vida real no existan, o sean privados. He pasado horas enteras tratando de conectar dos puntos, y no siempre con buenos resultados.

(Para detalles respecto a planear una ruta voy a autopromocionar una publicación que hice hace tiempo: Cómo navegar un viaje en bici y no perderte en el intento.)

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Esta vez me topé con un cerco cerrado, haciéndome cambiar días de planeación.

Tiempo de recorrido: en el pavimento puedes ir más rápido, a una velocidad más o menos sostenida. En mis tiempos carreteros mi día estaba trazado alrededor de distancias de 100 km, a velocidad promedio de unos 20 km/h; una ruta en terracería podría reducir esas distancias a la mitad, incluso un tercio de eso dependiendo del terreno, de cuánto tiempo pases empujando tu bici, entre otros factores. Por ejemplo, Karla y yo promediamos 50 km al día en la Baja Divide.

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Hubo días en la Baja Divide donde pasábamos el mismo tiempo empujando la bici que pedaleando.

Accesibilidad de servicios: al seguir una carretera rara vez estás a más de un día del siguiente pueblo, ciudad, o mínimo una gasolinera, pero en rutas de tierra no es raro pasar dos o tres días sin servicios de ningún tipo, a veces ni siquiera agua. La planeación de puntos de reabastecimiento es esencial cuando estás haciendo bikepacking.

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Detalle de un mapa de una ruta de tierra con puntos de abastecimiento.

Costo: en general, cualquier bici en buen estado te llevará por pavimento de punto A a punto B. Amarra tus cosas a una parrilla y lo más seguro es que lleguen a donde vas. Pero entrando al mundo del despavimentado esto cambia, y se aumenta la vara de calidad de bicicleta que debes llevar. La carrilla que le das a una bici usándola sobre tierra es mucho mayor que sobre pavimento, y cuando estás a días del siguiente lugar con civilización necesitas una bici en la que puedas confiar y con las mínimas probabilidades de falla. Todo lo que pueda caerse se va a caer, y los tornillos se van soltando, por ello las bicis de bikepacking suelen no llevar parrillas. También, por el enfoque minimalista del bikepacking el equipo suele ser más caro: mi sleeping actual de $80 dólares que cabe en mi bolsa de enfrente y me deja espacio para más cosas, me costó ocho veces más que el que usé en mi primer viaje pero ese de ninguna manera cabría en las bolsas que uso hoy. En pocas palabras, el bikepacking tiene un costo de entrada mayor que el cicloturismo.

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Mi bici actual. Mi bolsa de dormir es el bulto verde.

Clima: la lluvia en un camino de tierra es una buena noticia para el ecosistema por el que cruzas, pero pudiera ser una muy mala para ti. Algunos caminos se convierten en barro y las ruedas y transmisión se atascan, lo cual podría significar no poder rodar por esos caminos hasta que el terreno se seque (a veces toma varios días), e incluso tener que reemplazar un desviador o cadena rotos. Por otra parte, un camino pavimentado se ve poco afectado por lluvia aunque pedalear en pavimento mojado también tiene sus riesgos (principalmente asociados a la presencia de autos). Así mismo, el calor aumenta la cantidad de agua requerida y podría volverse difícil, y hasta peligroso, hacer rutas remotas en verano, donde es común tener que cargar con dos o tres días de agua.

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Una ligera lluvia bastó para volver intransitable el camino, haciéndonos tener que cambiar de ruta completamente.

Seguridad: por lo menos traficados que suelen ser los caminos de tierra, conseguir ayuda en caso de necesitarla puede ser más complicado y por ello toma más importancia el aspecto de la autonomía. En una ruta de terracería no es raro pasar un día entero o más sin ver un carro, mientras que las carreteras están en constante flujo vehicular. También, para el caso particular de México, las brechas es donde suele estar más activo el tráfico ilegal de drogas por lo cual se incluye como una cuestión a considerar dependiendo de la región.

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Aviso en una ambulancia en la Cruz Roja donde pasé la noche.

Romanticismo: Un plus enorme de los caminos de tierra es que pedalear en pareja se vuelve más placentero al ser posible ir unx enseguida del otrx. Pocas cosas se comparan a ir rodando junto a tu personita especial por un camino lindo sin tráfico; sin embargo, en la carretera lo mejor es pedalear en fila, por lo cual queda reducido a verle el trasero al/la de enfrente, lo cual pudiera no ser tan malo pero considero que hay mejores momentos para eso.

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Laura y Alex, de los EEUU.

COMENTARIOS FINALES

A pesar de lo complejo que pudiera parecer viajar por terracería, no me veo volviendo a las carreteras mientras sea posible evitarlas porque creo que las ventajas sobrepasan por mucho a las desventajas. Quizá tome un poco más de tiempo por el costo, pero la espera vale la pena. Y aunque hasta la fecha no soy fan de empujar mi bici, ni creo que algún día lo seré, es un inconveniente que estoy dispuesto a tener a cambio del placer de rodar en un camino sin carros.

Mi sugerencia es empezar con lo que tienes y si así lo deseas, empezar a escalar de ahí. No permitas que no tener el mejor equipo te impida ir de viaje, pero trata de ir con lo mejor que puedas e irás viendo dónde hay que hacer ajustes.

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Carretera Mazatlán-Durango “El espinazo del Diablo”, una de las pocas carreteras que me gustaría volver a recorrer. Con la apertura de la nueva autopista, este camino está casi libre de carros y es una delicia para quien gusta de pedalear de subida.

Biciviajero del noroeste de México recorriendo caminitos de tierra en una bici azul cielo.