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Impresiones de una novata en el Bikepacking.

En su estreno como colaboradora, Karla Robles nos cuenta cómo fue su transición de ciclista urbana a viajera de caminos de tierra, y lo que ha aprendido en el proceso sobre menstruación, alimentación, bicis, y la vida en constante movimiento.

Texto: Karla Robles
Fotografía: Karla Robles y Daniel Díaz

Antes de hacer bikepacking yo era una ciclista urbana, usaba mi bicicleta híbrida como mi principal y único medio de transporte en la ciudad, no tenía experiencia en el ciclismo deportivo, ni de montaña, ni de ruta o cicloturismo de largo aliento, me salté todos los niveles ciclistas que algunas/os de mis amigas/os han hecho antes de adentrarse a los caminos de terracería y montaña, lo cual sentí reflejado en mi viaje por la Baja Divide, pero después de dos años viajando de esta forma me ha tocado aprender y re aprender muchas cosas.

 En 2018 hice mi primer viaje en bicicleta por caminos de terracería con mi giant 700x32c sin idea de cómo sería, eso me sirvió de práctica para pensar en adquirir una bicicleta que me permitiera tener mejor rendimiento en ese tipo de rutas, mejor equipo para dormir al aire libre, cambiar mi alimentación y experiementar los cambios de la vida de ciudad por una en constante movimiento entre las montañas. Ese mismo año, mi pareja Daniel (@perdidoenbici) y yo planeamos hacer la Baja Divide, la primera ruta de bikepacking en México.

La bicicleta

Sabía que no tenía una bicicleta con las características necesarias para una ruta como esa, entonces, emprendimos la búsqueda en internet de una más adecuada, y que en general tuviera llanta ancha, tubeless y los mejores componentes posibles. Encontramos una Surly Krampus 29×3.0 talla mediana que de inmediato adquirí, la bici me quedaba un poco grande (mido 1.54cm) pero el hecho de brincar de la bici cada que quería bajarme sopesaba el saber que tendría una bicicleta que necesitaba, a mi Surlyta no se le aflojó ni un tornillo en esa ruta tan agreste aunque después de usarla por más de un año terminé con un dolor de rodillas muy fuerte que terminó en imposibilitarme para hacer otras rutas que tenía planeadas por algunos meses.

Durante el uso de la Krampus me di cuenta que para mí era importante tener una bicicleta que pudiera prevenir averías, ponchaduras o fallas mecánicas durante los trayectos que tomamos, sobretodo por los lugares tan desoladas y poco accesibles como los que hacemos. Además de eso, tener una bicicleta que no era de mi talla me impedía tener control sobre ella, sobretodo, en intentar esquivar una caída, como consecuencia de este temor, me bajaba de la bicicleta y la empujara cuesta arriba, esto repercute en retrazos durante el día y todo lo que deriva no cumplir con los kilómetros planeados, cargar más agua y comida, etc.

Para mi fortuna, la compañía de Surly me contactó y ofreció brindarme un cuadro a mi medida, una Surly ECR 27.5 x 2.8, y después de probarla puedo notar la diferencia que representa una bicicleta que sea a mi medida, ahora soy yo la que controla mi bicicleta y no al revés, la verdad, todavía me cuesta mantener un ritmo constante por tiempo prologando, fuerza en las piernas y técnica de montaña en las subidas pero eso es debido a mi condición física.

Condición física

Antes de hacer la ruta sabía que necesitaba una mejor condición física, así que durante un par de meses me puse a correr-trotar, hacer spinning y ejercicio aeróbico con el fin de estar preparada para el viaje, la cual no fue suficiente, en la ruta con mi bicicleta cargada y las condiciones del exterior (viento en contra, frío, calor) a veces se volvía sufrible, poco disfrutable y muchas veces me llegué a sentir miserable, las subidas las sentía igualmente peligrosas y retadoras como las bajadas, empedradas con pendiente, y pasaba la mayor parte del día empujando mi bici cuesta arriba y cuesta abajo, al final del día deseaba haber tenido más experiencia en la técnica de montaña o ser más fuerte y veloz en lo plano.

Después de haber completado los más de 2,000km. me prometí no volver a hacer una ruta como esa sin la práctica necesaria. Disfruté de los paisajes y aprendí a valorar el esfuerzo que hacía cada día pero definitivamente con mayor condición física y experiencia en montaña mi viaje hubiera sido más placentero, sobretodo en las partes donde sentía que no era lo suficientemente fuerte o que cargaba con demasiadas cosas, o ambas, ahora cargo lo menos posible, estoy entrenando cuatro o cinco veces por semana y he intentado adquirir equipo más ligero y compacto, aunque sigo buscando la configuración de equipaje más adecuada de acuerdo a mis necesidades y las necesidades de rutas de tierra y montaña. 

Equipaje

En estos dos años que tengo haciendo bikepacking definitivamente he aprendido a empacar mejor mi bicicleta y a cargar con menos, viendo en retrospectiva no puedo creer las cosas que llevé en mi primer viaje, y entre ellas, dos tintes para el cabello que terminaron haciendo un desastre en mi bolsa.

También, descarté los tenis y los cinco pares de calcetines que traía y los sustituí por chanclas y un par de calcetas de lana por si las noches se ponen demasiado frías, esto me ha funcionado perfecto en lugares donde las temperaturas no bajan de los cero grados centígrados, durante el día permite la ventilación de mis pies y un bonito y singular bronceado.

He decidido traer menos ropa y hacerla cada vez más ligera, antes usaba un suéter que ocupaba la mitad de mi alforja y no cubría demasiado; tres o cuatro camisetas, una camisola, shorts de bici, shorts normales, leggins y hasta un pantalón, sentía que el peso de mis alforjas aunado a mi condición física inadecuada hacían detener mi paso.

He hecho varios cambios en la forma en la que cargo mis cosas, al principio traía una bolsa para la cámara colgada al manubrio, dos alforjas ortlieb grandes montadas a la parrilla de atrás y una pequeña bolsa en el asiento.

Las alforjas eran demasiado pesadas para mí (aquí va la condición física de nuevo), así que ya no quise cargarlas y mejor invertí en una bolsa de cuadro. Nuestro amigo Ronnie (Ultraromance) me apoyó con una de sus fabio’s chest que monté enfrente y Daniel me prestó una suya que puse atrás, el peso lo sentí equilibrado pero la presión del asiento bajo (por mi estatura) hacía que la bolsa formara una carita triste al desparramarse a los lados.

Todo mi equipaje lo he reducido a la mitad y me di cuenta que no necesito nada más, el peso que describo no es la mitad de lo que Daniel carga y que es de uso compartido como la casita de campaña, la estufa, las herramientas y la mayor parte de la comida y agua, no he podido evitar no compararme y sentirme impotente y frustrada por no poder apoyar más y equilibrar la carga, sobretodo en el peso de la comida que cada vez son más verduras y agua pero sigo trabajando en eso.

Alimentación

Desde hace más de tres años he llevado una dieta vegetariana y principalmente basada en plantas, en la rutas que Daniel y yo hemos hecho el tema de la alimentación ha sido algo importante para nosotros y algo que hemos aprendido a modificar durante el viaje.

La falta de acceso a tiendas o supermercados con variedad de alimentos o la falta de acceso a frutas y verduras frescas ha hecho que sea un poco complicado, en muchas ocasiones los productos que se ofrecen tienen mantecas animales, como los frijoles de bolsa que son base de nuestra dieta en ruta, sin embargo, hemos aprendido a alimentarnos mejor aún con las peripecias del camino, adaptándonos a cargar y comer más verduras haciéndolas más ligeras y transportables e ingerir menos carbohidratos como el pan de barra que puede hacernos sentir cansados durante el día pedaleando.

La comida de dos o tres días de camino las carga Daniel, y al planear nuestro desayuno, comida y cena tomo en cuenta el peso y la voluminosidad de los alimentos pero lo más importante es que sean alimentos balanceados entre proteínas, vitaminas, minerales, menos pan y harinas y mejores cereales.

Esto no lo sabía en mi primer viaje y después de dos meses de pedalear todo el día, sudar y sentir que fue el mayor esfuerzo físico y cardiovascular de mi vida subí cuatro kilos, no me di cuenta de la calidad de mi alimentación y creía que había margen para darme esos premios llenos de carbohidratos al final del día donde solo quería comer pan con frijoles e irme a dormir y descansar.

Dormir al aire libre

Otra de las cosas importantes que he aprendido y reaprendido haciendo bikepacking ha sido a replantearme el concepto de comodidad, hace algunos años deseaba una cama, un buen baño, pizzas y cervezas después de un día intenso.

Este deseo ficticio implicó gastar más de lo que había presupuestado en mi primer viaje, pero después del año pasado viviendo en nuestra casita de campaña empecé a cuestionar mi propio concepto de comodidad, cambiando las cuatro paredes sin ventanas de cualquier hotel de paso, por la maya con vista al mar o la montaña de nuestra casa móvil, aprendí a valorar mi colchón inflable y a protegerme con una buena bolsa de dormir.

Ahora mi comodidad depende de asegurarnos de instalar la casita donde se proteja del viento, quitar la mayor cantidad de piedras filosas que puedan dañar la lona, buscar un lugar lo más plano posible, asegurarme de soplar lo suficiente para que mi colchón no se desinfle durante la noche y haber cargado mi lámpara con el sol durante el día.

La comodidad es subjetiva, algunas personas me han cuestionado sobre aspectos de mi vida en ruta como la higiene personal, y lo “cómodo” que es tener una regadera cerca o un baño, pero sobretodo es objeto de interés mi ciclo menstrual, yo creo que es porque nos han enseñado a renegar de nuestra sangre menstrual y nos han alejado de la conexión y los procesos por los que pasa nuestro cuerpo cada mes en relación con la naturaleza.

Menstruación

Por ello y el último aspecto que considero más importante como mujer haciendo bikepacking es mi experiencia menstruando en ruta y lo que he aprendido a partir de esta.

Tengo más de dos años utilizando la copa menstrual y toallas ecológicas de tela, la parte técnica del cuidado es lo que me ha parecido más complicado (además de las experiencias personales), especialmente el acceso al agua, lavar la copa, lavar las manos para introducirla, lavar las manos, lavar las manos para extraerla y todo esto dos veces al día, pero la ruta me ha enseñado a utilizar los recursos que tengo a mi alcance, por ejemplo, usar menos agua o usar el agua de río o de mar para estos menesteres.

También aprendí a respetar mi tiempo para reposar, cada mujer vivimos la experiencia del ciclo menstrual de manera distinta, a mi me dan muchos cólicos y a partir de mi primera menstruación pedaleando durante un día con frío y lluvia, ahora decidí esperar antes de planear la ruta o llegar a algún pueblo y tomarme un par de días hasta sentirme mejor y continuar con el viaje, no es porque sienta más “cómodo” estar en un lugar viviendo mi menstruación, es simplemente que pierdo funcionalidad a raíz del dolor que experimento, como dije, cada mujer vive su proceso de manera diferente sobretodo viajando en bicicleta y es importante hablarlo entre nosotras con el afán de construir y construirnos juntas.

foto de mi primera vez menstruando en ruta.

Como novata en el bikepacking, estas experiencias, impresiones y aprendizajes me han permitido comprender todos los aspectos que implican hacer viajes en bicicleta por terracerías y mayormente desolados, y aunque hay muchas cosas que me tocó saltarme gracias a la experiencia de mi pareja, valoro cada día que conozco algo nuevo de mi vida en ruta.

Sigo probando, cambiando y cuestionando todo con el afán de mejorar mi equipo, mi condición física y mi capacidad para adaptarme a las circunstancias que el camino me ofrece mientras pedaleando durante kilómetros entre cordilleras, cauces de ríos y costas ventosas.